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"Guía para una Salud Integral"

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Páginas dedicadas a Alesandra y Max.
Ambos nacid@s en casa y criad@s con ternura, dedicación y mucha paciencia

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PRINCIPALES FUENTES DEL ESTRÉS DE LOS NIÑ@S-BEBÉS

Aunque el estrés de un niñ@-bebé puede ser debido a causas circunstanciales, la principal fuente de su estrés está relacionada directamente con la falta de amor de sus padres (o cuidadores). Esta falta de amor puede manifestarse de dos formas:
Por omisión: Cuando los padres no satisfacen las necesidades primarias de sus hij@s.
El daño por omisión se refiere a toda clase de descuido físico o emocional relacionado con necesidades no satisfechas: Contacto físico insuficiente, abandono emocional y/o físico, retraso o interpretación incorrecta de sus necesidades, falta de oportunidades para formar vínculos, falta de atención y empatía. 
Por comisión: Cuando se produce daño emocional y/o físico. 
El daño por comisión está relacionado con heridas directas causadas por otras personas que pueden ser físicas, verbales, etc. Algunos ejemplos claros son los castigos, los insultos, las agresiones físicas (incluidas las sexuales) o las mentiras. Otros ejemplos menos evidentes son la disciplina autoritaria, la falta de respeto, las críticas y la presión para aprender, competir o conseguir un objetivo.
El daño circunstancial se refiere a las heridas indirectas causadas por circunstancias de la vida como un trauma prenatal o durante el nacimiento, las enfermedades, las heridas, los procesos médicos, la estimulación excesiva, las separaciones o las muertes.

Causas de trauma y estrés en la infancia.
Podemos agruparlas en dos categorías principales: Los traumas pre-natales y peri-natales, y las experiencias traumáticas posteriores.
Las necesidades insatisfechas, las frustraciones del desarrollo, la sobre-estimulación y las experiencias de dolor físico y de miedo son las principales experiencias traumáticas de nuestra vida extrauterina. 
Durante la gestación, las principales causas de trauma están relacionadas con el estrés de la madre, su alimentación y las drogas (legales o ilegales).
Los forceps, las cesáreas, los partos prolongados, las drogas y la falta de oxígeno son las principales causas de trauma durante el nacimiento. 
Si un bebé ha sufrido un nacimiento traumático puede necesitar llorar durante varios meses, varias horas al día, hasta procesar, en pequeñas dosis, su trauma y descargar todo el estrés almacenado. 
La mayoría de los bebés experimentan alguna clase de trauma durante el nacimiento. William Emerson, un experto en trauma de nacimiento, descubrió, en un estudio con 200 bebés, que más de la mitad mostraban signos de haber sufrido algún trauma al nacer. Otro estudio muestra que los bebés que han tenido problemas al nacer son más propensos a despertar llorando con frecuencia por la noche, durante los primeros 14 meses. 
Una vez nacido, el bebé puede experimentar sensaciones de miedo y confusión como frío repentino, demasiada luz, manipulación brusca, ruido excesivo o separación de la madre. Los bebés sienten dolor y miedo también con las intervenciones médicas, como el monitor electrónico o la circuncisión.
No es cuestión de desechar las intervenciones médicas, pero una excesiva preocupación por la seguridad física del bebé suele dejar de lado el impacto emocional de estos procedimientos. 
Como ya hay suficientes evidencias científicas de los efectos de los traumas emocionales en nuestra salud física, los profesionales de la salud deberían intentar evitar o minimizar al máximo posible estos choques emocionales para no perjudicar la salud físico-emocional futura del bebé.
Es también importante valorar y ser conscientes de que estas experiencias impactantes van a contribuir al malestar del bebé y, posteriormente, a una mayor necesidad de llorar.
No es fácil detectar las causas del estrés, ya que no siempre son evidentes, pero los padres, los educadores y los profesionales de la salud deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para reducir el estrés de la vida de los niñ@s-bebés. 

Los mecanismos de control -“mecos”- de los niñ@s-bebés.   
Los “mecos” -mecanismos de control- son considerados como una forma de adormecimiento psicológico o desasociación. Esto es, una actividad que permite al niñ@s-bebé aparcar el dolor sin resolverlo.   
El mecanismo de control que los padres utilizan para distraer a su niñ@-bebé de la sensación de dolor o malestar se convertirá, con toda probabilidad, en su “meco” particular. Estos mecos se muestran como verdaderas necesidades, pero no son diferentes de los mecanismos de control de los adultos o sus adicciones. Cuando los padres o cuidadores no somos capaces de escuchar, atender o soportar las emociones fuertes de los niñ@s-bebés, estos no se sienten vistos y oídos en su totalidad, y forman vínculos sustitutorios con objetos inanimados (chupetes, biberones, ositos de peluche,...) o con partes de su cuerpo (como un dedo), o con el pecho de su madre.

Los “mecos” -mecanismo de control- más comunes en los niñ@s-bebés son: 

  1. Lactancia excesivamente frecuente por “comodidad” 
  2. Chupetes o similares 
  3. Chuparse los dedos 
  4. Colgarse en exceso de la madre
  5. Vínculos con juguetes o mantas
  6. Solicitud constante de entretenimiento
  7. Hiperactividad. 

Una vez que aprendemos a “recibir con atención” el llanto (y las rabietas) del niñ@-bebé, en vez de reprimirlo, la necesidad de estos “mecos” desaparecerá poco a poco, a veces en muy poco tiempo.  

¿Formas en que se reprime el llanto de un niñ@-bebé? 

  • Diciéndole que se calle.
  • Castigándole (o amenazándole).
  • Retirándole el amor o la atención (aislándole). 
  • Distrayéndole con palabras, música, movimiento o juegos. 
  • Poniéndole algo en la boca (comida, chupete,...). 
  • Burlándose de él o avergonzándole.
  • Negando o minimizando su dolor.
  • Recompensándole si deja de llorar.
  • Haciendo que hable o se ría cuando intenta llorar. 

Los “mecos” de la lactancia.  
Algunos niñ@s-bebés se vuelven “quisquillosos crónicos” porque nunca han tenido la oportunidad de un “buen llanto”. Con el tiempo, pueden volverse adictos a la teta y piden mamar cada vez que, por cualquier motivo, se sienten frustrados, ansiosos, enfadados o molestos. 
Los mecanismos de control que se utilizan para parar el llanto no le hacen ningún favor al niñ@-bebé, sino que lo perjudican, aunque a los adultos nos parezca que es un acto de amor y de cuidado. Su necesidad de llorar se pospone, pero no desaparece. Dar la teta en exceso puede ser el principio de un hábito crónico de comer cuando “nos sentimos mal”. Los desórdenes de la alimentación son muy comunes en los adultos. Muchos adultos comen compulsivamente cuando se sienten enfadados, frustrados o deprimidos. Es una de las principales razones de la obesidad.    
La mujeres que comen en exceso suelen utilizar el pecho para apaciguar el llanto de sus hij@s. Esto es comprensible porque seguramente fueron alimentadas repetidamente durante su infancia cuando necesitaban llorar o “quejarse”. Asumen de forma natural que sus bebés necesitan la misma clase de mecanismo para suavizar su malestar.   
Comprender estas “actuaciones” es importante, ya que aplicamos la misma "receta" con frecuencia, aunque inconscientemente, en la relación con nuestros hij@s.   
En muchas culturas tradicionales, las madres amamantan a sus bebés con excesiva frecuencia, a veces incluso varias veces cada hora. Esto sirve para apaciguar al bebé, y funciona a la hora de reprimir su llanto. Los antropologos destacan que la experiencia de destete es dramática para los bebés en estas culturas. Los bebés suelen llorar desconsoladamente cuando la madre los desteta. 
Los bebés lloran cuando se les desteta porque la madre ya no detiene su llanto sistemáticamente dándoles el pecho. Los bebés están, por así decirlo, “recuperando el llanto perdido”, que ha sido contenido y reprimido sistemáticamente desde el nacimiento. Las madres que atienden cualquier incomodidad del bebé dándole el pecho deben de saber que pueden estar proyectando sus propias necesidades hacia sus bebés.   
En los países industrializados, quienes pretendemos imitar la “vuelta a la naturaleza” para recuperar algunas tradiciones, debemos apoyar e intentar conservar todo aquello que ha sido y es beneficioso en la crianza de los bebés, pero deberíamos rechazar aquello que no lo es. Si fuéramos a imitar todo lo que hacen algunas tribus, como por ejemplo la tribu “Kung” de África, no amamantaríamos a los bebés durante los primeros días de vida, porque los Kung creen que la primera leche de la madre (el calostro) es venenosa.   
Las investigaciones científicas han descubierto que el calostro contiene sustancias extremadamente valiosas que tienen propiedades inmunológicas (y actúa además como laxante y coagulante sanguíneo).

¿Con que frecuencia necesitan mamar los bebés? 
Depende de varios factores. Durante el primer mes, una toma completa de leche materna necesita unas 2 ½ horas para ser digerida. Una referencia podría ser amamantar unas 10 veces al día (24 horas), pero esto es sólo una guía. Los bebés nunca deberían de ser alimentados según el reloj, sino cuando lo piden. 
Durante las primeras semanas de vida puede ser necesaria una frecuencia mayor para asegurar el suministro de leche de la madre. Con posterioridad, especialmente durante los primeros 6 o 7 meses de lactancia materna exclusiva, puede haber etapas en que el bebé necesite tomar más cantidad de leche, y mame con más frecuencia para aumentar el suministro de leche. 
En cualquier caso, es importante que las madres (y los padres) sean conscientes que no todas las sensaciones de incomodidad indican hambre o la necesidad de chupar. 

El llanto y el sueño. 
Aunque no se ha mencionado anteriormente, es evidente que la necesidad de dormir es una necesidad primaria, y los niñ@s-bebés necesitan dormir un mínimo de horas al día (esto no significa que tod@s necesiten dormir las mismas horas). 
Pero cuando se dice que un niñ@-bebé “llora porque tiene sueño” no parece un razonamiento lógico. Si fuera así, bastaría con ponerlo a dormir para que dejara de llorar.   
Cuando tienen sueño, muchos niñ@s-bebés no se duermen fácilmente y tienden a llorar antes de conciliar el sueño. La paradoja de esta situación ha propiciado la creatividad literaria de algunos autores que han encontrado toda clase de sofisticadas explicaciones. 
Los niñ@s-bebés necesitan un entorno apropiado para conciliar el sueño. Este entorno suele estar relacionado, en la temprana infancia, con el necesario contacto físico con su madre, especialmente durante los primeros meses. Según crece, el niñ@-bebé se familiariza con otras características de dicho entorno y las asocia al dormir. La parte del cerebro del niñ@-bebé que controla el estado vigilia/sueño necesita percibir que “todo está bien” a su alrededor antes de entrar en el estado de consciencia del sueño. De hecho, su cerebro realiza un control rutinario durante el sueño, y los niñ@s-bebés tienen varios semi-despertares, pero se vuelven a dormir inmediatamente cuando perciben que “todo está bien” (Los adultos tenemos también semi-despertares, pero no somos conscientes de ello o no lo recordamos). Para continuar con el sueño, los niñ@s-bebés tan sólo necesitan reconocer un entorno familiar seguro, preferiblemente el mismo entorno en el que están acostumbrados a quedarse dormidos.   
Cuando un niñ@-bebé tiene sueño y se encuentra en el entorno familiar apropiado, ¿por qué llora en vez de dormirse? o ¿por qué se despierta poco después y vuelve a llorar?
Los trastornos del sueño están directamente relacionados con el nivel de estrés del niñ@-bebé. Por lo tanto, la clave del sueño está en comprender por qué está tenso un niñ@-bebé y cómo podemos ayudarle a estar más relajado.
Las sensaciones de incomodidad o malestar de un niñ@-bebé tienden hacerse conscientes cuando su atención se interioriza, y esto sucede sobre todo en los momentos de transición que preceden al sueño. Por esta razón, los niñ@s-bebés son especialmente “llorones” durante esa fase. Durante la vigilia, la actividad y las distracciones mantienen la atención del niñ@-bebé hacia el “exterior” y es más difícil que el niñ@-bebé conecte con sus sensaciones interiores profundas. Los momentos que preceden al sueño son la fase más propicia para que el niñ@-bebé descargue una parte de su estrés, malestar o conflicto interno, ya que no puede distraerse fácilmente ni evitar sentir las sensaciones que afloran de su interior. De hecho, esas sensaciones en su interior son las que le activan y le impiden dormirse. Por ello, a muchos niñ@s-bebés cansados y con sueño les cuesta trabajo dormirse, y con frecuencia parecen estar más activos y excitados sin un motivo aparente.
Muchos padres creen que cuanto más energía gaste el niñ@-bebé durante el día más fácil será acostarle por la noche, y dormirá mejor, pero en muchas ocasiones lo que sucede es lo opuesto. 
Los razonamientos al intentar explicar esta contradicción son diversos, y algunos autores afirman que al llegar el momento de dormir el niñ@-bebé puede estar demasiado cansado y por lo tanto demasiado excitado para dormirse. En otras palabras que se ha “pasado de cansancio”, lo cual no deja de ser una afirmación gratuita o una explicación arbitraria sin ningún fundamento.   
Los niñ@s-bebés que lloran antes de dormir, estén o no “pasados de cansancio”, tienden a dormir mejor porque trasladan menos sensaciones de estrés al sueño al descargar una parte de su malestar antes de dormirse. Una consecuencia de esto es que es muy raro que un niñ@-bebé a quién sus padres le permiten expresar sus emociones a través del llanto y las rabietas tenga pesadillas. ¿Cuando se ven los resultados del proceso de descarga emocional? 
En la mayoría de los bebés, el cambio en los hábitos de sueño empieza a verse en pocos días, aunque una mejoría clara puede durar varias semanas o meses. 
En algunos casos, con carencias importantes o experiencias traumáticas serias, el bebé puede tardar bastantes meses en procesar su estrés e integrar su trauma. Pero, incluso en los casos más dramáticos, la mejoría se empieza a notar en pocas semanas. Lo más importante es saber que los frutos se recogen el resto de la vida. 
En este análisis, lo primero que es necesario comprender es que los problemas del sueño de los niñ@s-bebés están íntimamente relacionados con el amor de los padres, es decir con la satisfacción de sus necesidades primarias. 
Si además comprendemos que un niñ@-bebé que recibe todo el amor que necesita en el presente puede estar aún reaccionando a la falta de amor en el pasado (o a un suceso traumático), empezaremos a tener una visión clara del problema. 
Por decirlo de alguna forma, hasta que el estrés acumulado no es expulsado del organismo, el bebé lleva su lucha interna (su lucha por satisfacer sus necesidades primarias o su lucha por resolver su trauma) al estado de conciencia del sueño y no puede dormir o descansar “normalmente”.   
Por último, si dedicamos tiempo a recordar y "sentir" nuestra propia infancia para comprenderla mejor, nuestra visión empezará a ser lúcida, y podremos sentir en nuestra propia piel muchas cosas que hasta ese momento sólo éramos capaces de comprender desde un punto de vista excesivamente intelectual o analítico.

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