spacelogo
   
 
   


"Guía para una Salud Integral"

Librito.html
> Librito sobre la temprana infancia.

Otras secciones: En Obras

 

 

space

 

 

 

foto alesandra

Web de la Temprana
i n
f a n c i a

Páginas dedicadas a Alesandra y Max.
Ambos nacid@s en casa y criad@s con ternura, dedicación y mucha paciencia

foto max
LOS PADRES (O CUIDADORES) Y EL ESTRÉS INFANTIL

Nuestra labor como padres o cuidadores. 

Criar y cuidar a un niñ@-bebé no es una tarea fácil, y además de la comprensión necesaria, los padres (y cuidadores) necesitamos mucho tiempo y paciencia para poder ofrecerle la atención y la dedicación que necesita. 
En esta relación con los niñ@s-bebés, es importante tener presente que algo de estrés es siempre inevitable. No podemos protegerlos de la vida misma, ya que crecer y aprender siempre están acompañados de un mínimo de dolor y de frustración. 
Nuestra labor como padres (o cuidadores) no debería consistir en sobreproteger a nuestros niñ@s-bebés contra toda clase dificultad, dolor o frustración, sino más bien en ayudarles a aprender como tratar las emociones y sensaciones resultantes. 
Cuando un pequeño incidente sin importancia hace llorar a un niñ@, los adultos no deberíamos irritarnos ni sentirnos manipulados, sino valorar la descarga emocional que supone para el niñ@. No es necesario desesperarse por comprender la causa de su dolor. Sólo necesita nuestra atención y saber que estamos allí para escucharlo sin interrumpir sus lágrimas. Si es un bebé pequeño, deberíamos cogerlo en brazos. Si ya no es tan bebé, deberíamos respetar su espacio, pero con la máxima atención, abrazándolo o no en función de su demanda, hasta que el niñ@ llore toda la frustración y la tristeza que necesita llorar en ese momento. 
Los adultos esperamos que los niñ@s sepan expresar con palabras lo que le sucede, especialmente cuando ya saben hablar con fluidez, pero las palabras son un instrumento muy limitado. La experiencia de un parto traumático o la separación de la madre durante horas nada más nacer puede necesitar de numerosas descargas emocionales, y no hay forma de expresar con palabras esas sensaciones, porque no hay palabras para describirlo, y si las hubiera no servirían de mucho. Todo intento por explicar esa realidad interior sería una forma de maquillar los sentimientos en un esfuerzo por satisfacer la inquietud o la desesperación de los padres, pero no se correspondería con la necesidad de expresión del niñ@-bebé. 
Los adultos, aunque no comprendamos la causa del llanto del niñ@-bebé, hacemos una labor inapreciable al saber estar ahí, escuchando atentamente y acariciando sus emociones. 
Es necesario que los padres (y cuidadores) seamos capaces de aceptar toda la gama de emociones de nuestros niñ@s-bebés con el fin de crear vínculos emocionales saludables; y deberíamos también comprender que nunca es demasiado tarde para mejorar la relación con nuestros niñ@s-bebés”.   
Muy pocos adultos fuimos permitidos llorar libremente cuando éramos pequeños. No es por lo tanto sorprendente que casi todos tengamos dificultades para reconocer estas necesidades en los niñ@s-bebés, y no sepamos proporcionar una atención comprensiva y cariñosa cuando estos lloran.
Tampoco debemos culparnos por sentir la necesidad de parar el llanto de los niñ@s-bebés. Es muy probable que nos encontremos diciendo las mismas frases que nuestros padres o cuidadores utilizaron cuando llorábamos de niñ@s. El primer impulso ante el llanto de un niñ@-bebé tiene muchas probabilidades de ser exactamente lo mismo que nos hicieron a nosotr@s cuando éramos pequeñ@s, aunque no tengamos un recuerdo consciente de ello.
Puede ser muy útil dedicar tiempo a hablar con otros adultos acerca de la propia niñez, y recordar sucesos específicos relacionados con nuestras necesidades para profundizar en la forma en que nuestro llanto fue reprimido y re-descubrir cómo nos sentíamos. 
Nuestra primera reacción al llanto y las rabietas del niñ@-bebé suele ser fuerte y negativa. Por ello se hace necesario procesar las reacciones automáticas que sentimos por dentro para no descargarlas sobre ell@s. Una opción es formar un grupo de escucha con otros padres en donde hablar sobre las dificultades de ser padres y de los sentimientos que se despiertan en nosotr@s al ver a nuestro hij@ llorando, rabioso, frustrado o indignado. Nuestra mente estará más clara si tenemos una oportunidad de expresar las situaciones que nos descolocan y de compartir las posibles soluciones con otros padres. El simple hecho de oír a otros padres hablar de sus dificultades es una ayuda importante, pues a veces tenemos la sensación de que los únicos padres con problemas somos nosotros. 
Insistir una vez más en que tod@s los seres humanos necesitamos expresar nuestras emociones, y llorar es bueno para los niñ@s-bebés, pero: “Los niñ@s-bebés nunca deberían llorar solos”.   
  
¿Cómo podemos reducir el estrés de nuestros niñ@s-bebés? 

Estos consejos están dirigidos principalmente a las madres: 

  • Esfuérzate por llevar una gestación con el mínimo estrés posible. 
  • Esfuérzate por conseguir un parto sin drogas y con la mínima tecnología. 
  • Dale de mamar a tu bebé. 
  • Evita las drogas y alimentos con efectos nocivos para el bebé si le das de mamar. 
  • Proporcionarle contacto físico cercano, tanto por el día como por la noche. 
  • Satisface las necesidades de tu bebé tan pronto como sea posible. 
  • Intenta prevenir algunas de sus frustraciones. 
  • Evita la sobre-estimulación. 
  • Protege a tu bebé de situaciones difíciles o temerosas. 
  • Cuida tus propias necesidades físicas y emocionales.

¿Qué hacer cuando un bebé llora? 
Muchos padres y cuidadores se preguntan qué hacer cuando tienen ante si a un bebé llorando. ¿Cómo atender a un bebé que llora cuando parece llorar “sin sentido”?   

Los siguiente consejos están dirigidos a madres/padres con bebés:

  1. Coge al bebé en brazos, siéntate en una silla confortable y mira a su cara. Si sus ojos están abiertos, mira a sus ojos. Siente su energía y fuerza vital. Sostenlo con calma sin moverlo o mecerlo.
  2. Respira profundamente y trata de relajarte. 
  3. Sé consciente del amor que sientes por tu bebé. Habla a tu bebé. Dile: "Te quiero... estoy escuchando... estás a salvo conmigo... voy a estar aquí contigo... puedes llorar tranquilamente que no me voy a ir..." Puedes también asumir la causa de su llanto y verbalizar tus pensamientos. Si has tenido un día difícil, puedes decir: "Es posible que hayamos estado demasiado activos hoy o que no te hayamos atendido lo suficiente"; "Comprendo lo difícil que es ser un bebé". Déjale saber con palabras, aunque no te entienda, que quieres ayudarle a sentirse mejor.
  4. Sé consciente de tus propias emociones. Si necesitas llorar con él, adelante. Dile que estás triste también. 
  5. Si se revuelve e intenta alejarse de ti y no te mira. Dile: "Por favor, mírame, estoy aquí, quiero que te sientas segur@ conmigo". Con ternura, toca los brazos o la frente de tu bebé, para reasegurarle de tu presencia física. No te sorprendas si esto produce aún más llanto en tu bebé. 
  6. Continua estando con tu bebé y sosteniéndolo hasta que espontáneamente deje de llorar. Muchos bebés lloran con sus ojos cerrados, pero periódicamente los abren para comprobar si hay alguien prestando atención. Una vez que se aseguran de que estás emocionalmente disponible, cierran sus ojos y siguen llorando. Es importante hacer contacto visual cuando el bebé te mira.  

El entorno adecuado para la descarga emocional. 
La descarga emocional "conectada", en forma de llanto (o risa), sólo sucede cuando el niñ@-bebé percibe un equilibrio adecuado entre “seguridad” y “emoción”. Las coordenadas “sensación de seguridad” e “intensidad emocional” tienen que estar dentro de unos límites determinados (ver triángulo de “Coordenadas Emocionales” en la contraportada). Esto quiere decir, por un lado, que si un niñ@-bebé no se siente lo suficientemente seguro y protegido, no permitirá que sus emociones profundas se manifiesten. 
La otra coordenada implica que el niñ@ necesita mantener su sensación/sentimiento a una cierta distancia para sentirse seguro. Esto significa que si un niñ@ está demasiado aturdido o sobrecargado por su miedo (“demasiado cerca de la sensación”) no será capaz de llorar (o reír), o al menos no lo hará de una forma plena.
Si se da la situación contraria, y el elemento emocional (por ejemplo el miedo) no está presente minimamente (está demasiado lejos de la sensación), el niñ@-bebé no sentirá suficiente intensidad y tampoco será capaz de llorar (o reír) de forma total.   

¿Qué hacer cuando los niñ@s-bebés mayores necesitan descargar su estrés? 

Crea un entorno apropiado y evita cualquier peligro físico: 
Hay que crear un entorno de seguridad física apropiado. Si un niñ@ se ha caído, hay que levantarlo con cuidado, cariño y calma. Si una situación puede dar origen a que un niñ@ haga daño a otro hay que evitarla. 

Abraza y/o acaricia al niñ@ con respeto y haz contacto visual: 
El contacto físico y la mirada comprensiva son la antesala de la confianza. Abraza y/o acaricia al niñ@ de modo que pueda mirarte a los ojos si lo desea. Si ve en tu mirada una comprensión profunda y una aceptación total de su expresión emocional, probablemente conecte mejor con su llanto y llore más intensamente y durante más tiempo. No te preocupes, se está concentrando en sus emociones “negativas” y resolviéndolas. Después del llanto estará más relajado y más receptivo. Cuando el niñ@ está llorando tiene la guardia bajada y cualquier reacción del padre, tanto positiva como negativa, le llega a lo más íntimo de su ser: un abrazo, una caricia, una mirada tierna, un beso, unas breves palabras reconociendo su malestar. El niñ@ recibe esa atención cuidadosa y respetuosa como un acto de amor, pero no lo distraigas en exceso. Probablemente el niñ@ no muestre lo que siente ante una suave caricia, pero le permitirá sentir que todo está bien a su alrededor, y podrá dirigir su atención a resolver lo que está sintiendo dentro de sí.   

Pregúntale lo que está sintiendo, pero no insistas en obtener una repuesta “satisfactoria”: 
El niñ@ que llora siempre tiene un buen motivo para hacerlo. Cuanto más profundo sea el sentimiento más difícil será hablar de ello. Dile que quieres entender como se siente (o lo que pasó) y déjale a él expresar y compartir lo que quiera. Muchas veces, el simple hecho de intentar explicar lo que siente le hará empezar a llorar de nuevo. Déjalo que siga llorando en tu presencia y bajo tu atenta mirada, que sienta que no es necesario que deje de llorar para explicar lo que siente. Si al intentar explicarlo con palabras empieza a llorar de nuevo es porque no ha llorado todavía lo suficiente y necesita seguir. Mantente calmad@ y comprensiv@, sin prisas ni exigencias. Los niñ@s pueden llorar (y gritar) largo y tendido para resolver su tristeza y malestar. Una vez que ha llorado todo lo que necesitaba en ese momento podrá hablar sobre ello y recibir también el consuelo de poder expresar con palabras una parte de su sentir. Con el llanto y la conversación se procesan sentimientos conflictivos, y el niñ@ alcanza un nuevo entendimiento y armonía. 

Evita los consejos: 
El niñ@ espera tu apoyo y comprensión en el momento que está descargando. Escúchalo y/o acarícialo o abrázalo. Además de no reprenderlo, deberías evitar aleccionarlo o aconsejarlo. Su atención está enfocada hacia la descarga, y necesita concentrarse en ello por completo. No lo distraigas con lecciones de cómo evitar que vuelva a pasar eso. Cuando termine de llorar, estará receptivo a un dialogo comprensivo. 
  
No juzgues lo que el niñ@ siente: 
Esto no es fácil de hacer ya que en general percibimos a nuestros hij@s a través del filtro de nuestras propias carencias y necesidades. Los sentimientos del niñ@ le pertenecen y están lejos de nuestro alcance, tanto más cuanto más lejos estemos de nuestros propios recuerdos y sentimientos de la infancia. Decirle a un niñ@ que no debería llorar o estar triste es decirle que tiene que dejar de sentir lo que está sintiendo. Eso para un niñ@ que aún no está profundamente traumatizado es imposible. El niñ@ necesita saber que estamos ahí con él mientras se expresa y se desahoga, mientras expulsa de su ser sensaciones y sentimientos conflictivos y “negativos”. Frases como: “No llores, es sólo un juguete viejo, ya te compraré otro” no permiten al niñ@ utilizar ese “pretexto” para expresar sus sentimientos y descargar otros sentimientos acumulados. Con frases como “deja de llorar, pareces un bebé pequeñ@” el niñ@ aprende a diferenciar las sensaciones y los sentimientos aceptables de los que hay que reprimir. De esta forma la represión social se transmite de padres a hij@s, de generación en generación, como el mismísimo pecado original. Cuando permitimos y atendemos el llanto del niñ@ no estamos ni mimándolo ni malcriándolo, estamos ayudándole a recuperar su equilibrio físico-emocional, su propio equilibrio vital. Con el llanto, el niñ@ echa fuera sensaciones perturbadoras que lo mantienen tenso y alterado. Cuando los niñ@s pueden llorar y expresar de forma total lo mal que se sienten, su amargura, su malestar, su dolor, su apatía y su “sinrazón” se va disolviendo. En el proceso de descarga, podrá decir cosas como: “no te quiero” o incluso “te odio”, pero su reacción no es un ataque personal contra nadie sino una necesidad de sacar esas sensaciones fuera porque no las quiere tener dentro de sí. Una vez expulsadas las espinas que rodean sus sentimientos renovará, con un aire más fresco y relajado, su relación con las personas cercanas.   

Dale tiempo para llorar: 
El niñ@ puede empezar a llorar por un incidente que acaba de suceder, y seguir llorando por otros motivos sin avisar. De hecho, lo más probable es que llore por el incidente presente y por otros motivos al mismo tiempo, descargando su rabia acumulada. Más aún, es probable que utilice el motivo presente como “pretexto” para llorar por otras cosas que no pudo llorar en su momento (esto no significa que el niñ@ haga esto conscientemente). Cuando se les permite llorar, el llanto de los niñ@s, es más prolongado e intenso de lo que generalmente esperamos o creemos razonable. Si escuchar y atender el llanto no ha sido algo habitual hasta entonces, puede que al principio su llanto sea aún más prolongado e intenso. Deberíamos concienciarnos para esperar llantos de media hora o incluso una hora o más. Si establecemos el hábito de permitir al niñ@ descargar emocionalmente sus sensaciones y sentimientos a través del llanto y las rabietas, podremos comprobar que, por momentos, su llanto será más fuerte y profundo, y por momentos desgarrador. Ha esperado mucho tiempo por esta oportunidad y tiene llanto atrasado que recuperar. Cuanto más apoyo, cariño y comprensión reciba más probabilidades hay de que su llanto sea prolongado e intenso, al menos durante un tiempo. Es evidente que incluso los adultos (especialmente las mujeres) tendemos a llorar más libremente con alguien de confianza que nos sabe escuchar incondicionalmente y sin juzgarnos. Con los niñ@s sucede lo mismo, pero con menos barreras de contención. Cuanto más seguro y protegido se sienta, mejor podrá centrarse en las sensaciones de su interior para expresar lo que siente profundamente. La sensación de alivio y bienestar vendrá cuando termine su necesidad de llorar. 
Nuestra tarea será menos incómoda si entendemos el llanto de nuestro hij@ como un proceso de recuperación, y nos liberamos de nuestra tendencia a preocuparnos excesivamente, o desistimos de nuestra inercia a reprimir o regañar. Deberíamos de hacer un esfuerzo por comprender que no somos nosotros quienes tenemos que procesar el malestar de nuestro hij@, sino que le corresponde a él/ella procesar sus sensaciones. Todo lo que tenemos que hacer es relajarnos, abrazar y/o acariciar con cariño al niñ@ y permitirle descargar, en un entorno de seguridad, lo que le hace daño por dentro. 
  
El sueño después el llanto: 
Procesar sensaciones y descargarlas a través del llanto y las rabietas consume mucha energía y es fácil que después de una “llorera” el niñ@ se quede dormido. Esto es normal y saludable, ya que el niñ@ no sólo necesita descansar del esfuerzo realizado sino también interiorizar totalmente su atención a un estado de consciencia diferente para terminar de ajustar las interconexiones neuronales bloqueadas antes de la descarga. Generalmente dormirá con más profundidad y despertará relajado, alerta y con ganas de interactuar y jugar. 
En otras ocasiones, el sueño será más bien un intermedio y el niñ@ puede despertarse sintiéndose mal. Se ha dormido para descansar temporalmente de la tormenta de dolorosos sentimientos que está procesando, y despierta listo para seguir luchando contra el resto de la muralla de angustia que le sigue oprimiendo. Después de unas cuantas “sesiones” de llanto intenso y prolongado, sus sensaciones y sentimientos “negativos” empezarán a desvanecerse y se podrán ver cambios positivos significativos en su comportamiento. Está quitándose una pesada carga de su cuerpo, su mente y su corazón.   

El despertar de la creatividad y las habilidades: 
Los niñ@s se sienten amados, relajados, despiertos, optimistas y alegres después de haber llorado con el apoyo de sus padres o cuidadores. 
Saber escuchar atentamente el llanto intenso y prolongado de un niñ@ durante días, semanas o meses requiere paciencia y dedicación. Con el tiempo, la recompensa más importante es una evidente mejoría en la relación, pero también florecen la creatividad y las habilidades del niñ@. 
Los niñ@s a quienes se les anima a expresar su llanto, cuando se sienten frustrados al desarrollar una determinada actividad, suelen terminar desarrollando una habilidad sorprendente con dicha actividad, además de gozar de una sensación de seguridad poco común. Para ello, es posible que el niñ@ necesite de diferentes “sesiones” de llanto y rabietas en las que pueda expresar su incapacidad total para hacer esa actividad. Pero cada vez que sea capaz de expresar y descargar emocionalmente su “incompetencia”, irá adquiriendo una seguridad mayor y una autoconfianza renovada.   


Ejercicios para padres y educadores. 

Escuchar atentamente a un niñ@ cuando llora debería de ser sencillo, pero no es fácil para la mayoría de los adultos. 
Para poder estar totalmente atentos a las descargas emocionales de los niñ@s mientras se recuperan de su malestar, los adultos necesitamos trabajar sobre nuestro propio malestar, compartir con otras personas lo que pensamos y sentimos y, si es posible, descargar nuestras emociones “negativas” en forma de llanto y rabia en un entorno adecuado.   
Escuchar atentamente las fuertes emociones de los niñ@s despiertan inevitablemente las nuestras. Es conveniente hablar con otros de lo difícil que es ser padres o educadores, de las cosas que nos molestan, irritan y preocupan, de nuestras frustraciones y de nuestros propios deseos y necesidades.
Al hablar con otros padres o cuidadores de lo cansados y desesperados que estamos, de los difícil que es criar a un bebé, sacaremos hacia fuera parte de nuestro malestar interior y seremos más pacientes y comprensivos. 
La mayoría de nosotros ni hemos sido escuchados cuando éramos niñ@s ni se nos ha permitido quejarnos lo suficiente, por ello soportamos bastante mal las “quejas” y la expresión de malestar de los niñ@s.   
El día a día con el llanto, las rabietas y las “quejas” de los niñ@s-bebés se hace demasiado difícil y agobiante si no dedicamos tiempo a recordar, sentir y comprender nuestra propia infancia.   
El tiempo es un valor escaso en nuestra sociedad y los padres no estamos demasiado interesados en “perder el tiempo”, pero al menos deberíamos estar muy atentos a evitar “perder la paciencia”.   
Es muy difícil aguantar el llanto prolongado e intenso de un niñ@ porque se nos revuelven demasiadas cosas en nuestro interior. El llanto de un bebé nos hace “perder los nervios” porque vibran en nosotros sensaciones que creíamos olvidadas o superadas.   
Por ello es necesario que trabajemos con nuestras propias emociones si queremos ser capaces de comprender y aceptar las descargas emocionales de nuestros hij@s. 
  
Estas son algunas directrices para trabajar el llanto y el miedo. 

Ejercicios para trabajar el llanto: 

Explora y comprende tu infancia: 

  1. ¿Qué hacían tus padres cuando llorabas de pequeñ@? (ignorarte, castigarte, distraerte, consolarte, etc.)
  2. ¿Qué hacían cuando pillabas una rabieta? 
  3. ¿Has visto alguna vez llorar a tus padres? ¿En que ocasiones? ¿Cómo te sentías? 
  4. ¿Hay algún incidente de tu infancia que necesitas llorar? 

Expresa tus sentimientos acerca de tu bebé: 

  1. ¿Cómo te sientes cuando tu hij@ llora? ¿Qué te apetece hacer? 
  2. ¿Qué sientes cuando tu hij@ pilla una rabieta? 
  3. ¿Tiene tu hij@ algún mecanismo de control? (un osito de peluche, chupar el dedo, el chupete, etc.) ¿Cómo te sientes en relación a esto? 

Cuídate (y mímate) para cuidar mejor a tu bebé:

  1. Participa en un grupo de apoyo que te anime a expresar tus sentimientos. 
  2. Al final de la tarde, con tu cónyuge o una amistad, dispón de al menos diez minutos para hablar, llorar y reír de las dificultades del día. 
  3. Vete a ver una película triste y deja caer tus lágrimas libremente. 

 

Ejercicios para trabajar el miedo: 

Explora y comprende tu infancia: 

  1. Haz una lista de los temores que recuerdas haber tenido cuando eras pequeñ@. ¿Qué hacían tus padres? 
  2. ¿Recuerdas alguna pesadilla que tenías de pequeñ@? Habla sobre ello. 
  3. ¿Se burlaron alguna vez de ti por tener miedo? ¿Cómo te hicieron sentir? 

Expresa tus sentimientos acerca de tu bebé: 

  1. Haz una lista de los miedos de tu niñ@-bebé y trata de ver de donde vienen. 
  2. ¿Cómo te sientes acerca de los miedos de tu niñ@-bebé? ¿Estás muy preocupad@ por la seguridad de tu niñ@-bebé? ¿Qué temores tienes? Habla sobre ello. 

Cuídate (y mímate) para cuidar mejor a tu bebé: 

  1. Participa en un grupo de apoyo que te anime a reír. 
  2. ¿Tienes algún miedo o fobia en la actualidad? Elige uno y empieza a trabajar para comprenderlo y resolverlo (sol@ o con ayuda de alguien) 
  3. Vete a ver una película o espectáculo divertido, o reúnete con amistades para pasar un buen rato y reírte. 

Sección siguiente

 
 
 
 
Web: www.primal.es - Email: primal@primal.es ©1997 Asociación Primal