En la terapia primal
dirigista,
el terapeuta utiliza técnicas para desmoronar las defensas de la "persona /
paciente" (en adelante "P"). El terapeuta ayuda a "P" a conectar
con sus sentimientos y generalmente la/lo dirige hacia aquellos sentimientos de la
temprana infancia que el terapeuta interpreta como más importantes.
El terapeuta primal dirigista no fuerza a "P" a sentir algo que no siente, pero la/lo empuja a que
gradualmente se introduzca en el escenario de su dolor y se enfrente a sentirlo. Asume
que, de lo contrario, "P" podría dar vueltas en círculos, evitando enfrentarse
a sentir su dolorosa verdad.
Debido a que los dolores "originales" se encuentran casi siempre en la temprana
infancia, hay una tendencia general a dirigir a "P" hacia esa etapa de su vida,
y a veces con excesiva urgencia.
El terapeuta primal original descubre primero lo que "P" está sintiendo y, después ayuda a "P" a
profundizar en ese sentimiento. El terapeuta no tiene necesariamente que decir o hacer
algo. Puede simplemente estar ahí, y si "P" no tiene un sentimiento, el
terapeuta ayuda a "P" a profundizar en "no tener ningún sentimiento".
No hay una jerarquía de sentimientos pre-establecida, todos los sentimientos tienen igual
valor en principio, y el terapeuta primal original no dirige
necesariamente a "P" en busca de los sentimientos de la temprana infancia. Si
"P", por si sola/o, dirige su sentir hacia la temprana infancia, es entonces
cuando el terapeuta la/lo ayuda a sentir con intensidad "eso" (la experiencia
del sentir original) en la temprana infancia.
Para la teoría primal
original,
la más mínima ansiedad del terapeuta por dirigir o controlar la terapia puede perjudicar
el progreso natural de la misma. Para un terapeuta primal original, cuando "P" experimenta un sentimiento, todo lo
que hay que hacer es ayudarla/lo a permanecer ahí.
La terapia primal dirigista se plantea el asalto frontal a las defensas psicológicas, y pone un énfasis excesivo en
que "P" observe realmente los elementos de su propias defensas. Así, al
conducir el análisis, una progresión debe de ocurrir que lleve a la persona desde el
reconocimiento de la defensa psicológica a la conexión con los sentimientos sobre la
importancia de dicha defensa. Para la terapia primal dirigista, el primer paso
es reconocer los indeseables e irracionales efectos de las defensas psicológicas en
nuestra conducta, y el siguiente paso es profundizar en el sentimiento detrás de ellas y
analizar esos sentimientos para determinar su origen.
En la terapia primal
original,
aunque la preparación y la sensibilidad del terapeuta es muy importante, este no dirige
el proceso, sino que "P" se enfrenta al dolor a su propio ritmo, avanzando
gradualmente y de forma natural hacia sus sentimientos más dolorosos y demoledores. La teoría primal original cree que si se empuja a "P" a sentir algo
para lo que aún no está preparada/o, puede producirse el efecto contrario, y la terapia
se prolongaría innecesariamente. En este sentido, las técnicas "dirigistas"
pueden no sólo romper el ritmo natural de la terapia, sino disminuir la "confianza
intima" de "P" en el proceso terapéutico. Cuando esto ocurre, no sólo no
se progresa según el ritmo natural de "P", sino que es muy probable que sea
necesario dedicar un tiempo de terapia adicional para intentar recuperar
dicha "confianza íntima".
La terapia primal original valora significativamente el papel que desempeñan nuestras defensas psicológicas, pero
no cree que haya que ahondar frontalmente en su razón de ser u origen. Para la teoría
primal original, el sistema de defensas es sólo un síntoma más, cuya causa
es el dolor primal enterrado. Cualquier intento para destruir las defensas de
"P" desde el exterior producirá un bloqueo, una sobrecarga o la construcción
de una nueva defensa.
En la terapia primal
original,
cada minuto que "P" pasa sintiendo "eso" deshace un poco más la
muralla de defensas, lo que en consecuencia causa un aumento del sentir, lo cual deshace
un poco más la muralla ... y así sucesivamente. De esta forma, la "encerrona"
en la que quedamos atrapados en nuestra infancia, o en cualquier otra etapa de nuestra
vida, se despliega suavemente y de forma natural para ser resuelta.
En el proceso de acercarnos a comprender nuestros
sentimientos y nuestras necesidades "originales" no satisfechas, nos conocemos a
nosotros mismos y comprendemos "la razón de ser" de nuestras defensas
psicológicas. Las defensas psicológicas están ahí por algo, y ese algo es lo
importante. Cuando experimentamos nuestros sentimientos "originales",
nuestras defensas disminuyen gradualmente hasta desvanecerse.
Desde la perspectiva primal
original,
cuando el dolor es forzado a emerger fuera de su secuencia natural, se producen
inexorablemente retrasos en el proceso terapéutico. Empujar a "P" a donde no
está lista/o para ir no sólo es innecesario sino contraproducente. La terapia primal
original asume que hay una secuencia natural para que "P"
sienta el dolor enterrado, que es única para cada persona, y que no puede ser conocida o
interpretada antes por ningún terapeuta.
Cada vez son más los terapeutas primales que practican el
"no-dirigismo" como método, pero, en general, los terapeutas de la escuela
dirigista se reservan el derecho a decidir cuando utilizar algunas
de las técnicas primales "dirigistas".
Forzar a "P" a ser directo, en vez de permitirle
ser "razonable" o intelectual,
decirle que se tire en el suelo y grite
directamente a sus padres "Quererme! Quererme!
", o llamarle mariquita con
la finalidad de ayudarle a descubrir una necesidad reprimida,
son ejemplos de
técnicas primales dirigistas que a veces funcionan y
producen efectos positivos. Sin embargo, esta "motivación" o "provocación
bien intencionada", por parte del terapeuta, no sólo puede ocasionar efectos
negativos, sino causar un daño peligroso a "P". Así por ejemplo, se le puede
pedir a "P" que grite a su madre o a su padre con el objeto de conectar y
resolver el lastre del pasado que inunda su vida, pero, en el caso de que las constantes
"órdenes" de sus padres hayan sido la causa de la desconexión
"original" de "P", las nuevas órdenes, análisis o interpretaciones
del terapeuta van a agudizar aún más su problema.
La teoría primal original cree que sólo la exquisita sensibilidad de un experimentado terapeuta primal podría
captar el momento preciso en el que aplicar con éxito las técnicas dirigistas. Por lo
tanto, dichas técnicas deberían de ser consideradas como peligrosas en manos de la
mayoría de los terapeutas.
Dirigir, controlar o empujar a una persona hacia donde no
está aún lista para llegar, la pone en guardia contra el terapeuta. Esto no sólo
dificulta el avance de la terapia, sino que casi siempre hace retroceder el proceso
terapéutico.
El terapeuta que practica técnicas dirigistas
deberá de preguntarse con total honestidad, una y otra vez, si no está ansioso por
"lucirse" y conseguir resultados rápidamente o, lo que sería más grave, si no
está "actuando" su propia necesidad simbólica de ser "útil" o
importante; en cuyo caso debería de dedicarse un tiempo a si mismo para profundizar más
en su propio proceso terapéutico.
Decirle a "P" que respire profundamente, grite,
o que se concentre en su cuerpo, es decirle a su mente que maneje su cuerpo, lo cual puede
aumentar aún más la represión sobre su cuerpo. La terapia primal dirigista puede convertirse así en un circulo vicioso donde las manipulaciones, órdenes y
técnicas del terapeuta son utilizadas para resolver bloqueos que han sido causados por
anteriores manipulaciones, órdenes y técnicas.
El terapeuta primal
original,
ante la duda, se limita a no hacer nada. No se trata a "P" como un objeto y se
le dice que se ponga con las piernas abiertas para que se sienta vulnerable o
desprotegida/o, sino que a lo sumo se le dice que deje a su cuerpo expresar lo que está
sintiendo, o que trate de sintonizar con la postura que mejor refleja aquello que está
sintiendo en ese momento.
Lo que el terapeuta primal dirigista trata de conseguir destruyendo las defensas de "P", el terapeuta primal
original lo consigue siendo directo y sin una idea u objetivo
precondicionado en mente.
En la terapia primal
original,
la transferencia es algo que ayuda a sentir el dolor, mientras que en la terapia primal
dirigista se convierte casi siempre en un problema. Esto es debido
a que "P" es conducida/o fuera de su secuencia natural y termina
"actuando" su dolor en círculos.
El terapeuta primal que practica el dirigismo
sin dudar, o que está siempre pendiente de "hacer algo" para avanzar en el
proceso terapéutico, realiza sin duda un gran esfuerzo, pero esto no quiere decir que los
resultados obtenidos vayan a ser proporcionales a dicho esfuerzo.
El esfuerzo de todo terapeuta debería de dedicarse
prioritariamente a liberarse de las propias defensas, y a profundizar y sintonizar cada
vez mejor con sus propios sentimientos. De esta forma, se podría disminuir tremendamente
el riesgo de que los problemas no resueltos del terapeuta interfieran en el proceso
terapéutico de "P".
El terapeuta primal original debería de realizar auto-sesiones periódicas sobre sus propios sentimientos, convertirse
en "P" de vez en cuando, bajo la asistencia de otro terapeuta, referir a
"P" a otro terapeuta cuando sea aconsejable, y tomar unas bien merecidas
vacaciones varias veces al año.
El terapeuta primal
original,
aunque no es dirigista, a veces puede dirigir. Así, pedir a una persona que está
abrazando una almohada, porque se siente vacía, que deje la almohada y sienta su vacío
podría ser un ejemplo de dirigismo primal "natural".
Independientemente del posible dirigismo primal, hay que
tener siempre presente que la esencia de la terapia primal "original" es ayudar
a "P" a profundizar en sus sentimientos.
Por lo tanto, todo terapeuta primal original
debería:
a) Estar ahí un 100% para asistir a "P".
b) Saber escuchar sin juzgar.
c) Aceptar totalmente lo que "P" siente.
d) Lograr que "P" hable hacia quien la/lo hizo sufrir como si dicha persona
estuviera presente en la sala.
Aunque hay terapeutas primales dirigistas
que practican una terapia poco dirigista, al terapeuta primal dirigista le resulta bastante difícil "aceptar
totalmente", ya que las "órdenes" de su técnica terapéutica dirigista
llevan consigo una implicación de no aceptación.
Desde la perspectiva primal original,
un terapeuta practica terapia primal dirigista cuando:
a) Asume la "responsabilidad" de sumergir a "P" en sus
sentimientos.
b) Dirige sistemáticamente a "P" hacia los sentimientos de la temprana
infancia.
c) Ayuda a "P" con el análisis de sus sentimientos.
d) Intenta romper "violentamente" las defensas de "P".
Por último, según la teoría primal
original, la combinación de técnicas terapéuticas primales con
medicamentos o drogas, sería otra modalidad de terapia primal dirigista,
si bien el número de errores terapéuticos podría ser aún mayor.
Combinar la terapia primal con cualquier otra terapia sería en general considerado como
una interferencia perjudicial, aunque pueda haber algunas excepciones con resultados
positivos.
La terapia primal debe de ser como el fluir de un río que
permite su propia regeneración. Se pueden cometer errores y enturbiar la
"verdad", pero si se permite el fluir de los sentimientos, cada persona
encontrará "su camino".
Quizás sea este el verdadero sentido de la fe: Creer que "la verdad" dará luz
a "nuestro mundo" y nos hará libres. Ángel Álvarez
(Presidente/Fundador de la Asociación Primal)
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